Arte paleolítico, primeras formas de arte humano

El conocimiento del arte paleolítico fue paralelo al de la formación de la ciencia prehistórica a partir de mediados del siglo XIX. Algunas noticias anteriores, o no fueron interpretadas o fueron atribuidas a los celtas que eran entonces considerados como los habitantes más antiguos de Europa. También a fenicios y egipcios (pinturas esquemáticas postpaleolíticas de Fuencaliente, Sierra Morena, de las que se dio noticia en 1783).

Cuando en 1864, E. Lartet descubrió en la cueva de La Madeleine (Dordoña) un fragmento de marfil de mamut con la representación de una vigorosa imagen de este animal, se tuvo la evidencia de que los hombres que vivieron los grandes fríos de la última glaciación fueron notables artistas. Además, se supo que los comienzos del arte eran muchos milenios más antiguos de lo que se suponía. En poco tiempo se fueron conociendo numerosas obras de arte de dicho periodo.

Las pinturas de la cueva de Altamira obra de arte paleolítico

En los últimos dos decenios del siglo XIX se produjo la polémica en torno a la autenticidad de las pinturas de Altamira (Santillana del Mar, Cantabria). Marcelino Sanz de Sautuola (1831-1888) realizaba excavaciones en el vestíbulo de la cueva cuando, en 1879, su hija María se dio cuenta de la existencia de pinturas en la sala que prolongaba el lugar donde se estaba trabajando. El hallazgo fue dado a conocer por Sautuola en un breve folleto, pero la autenticidad fue rechazada por la “ciencia oficial”.

A pesar del conocimiento avanzado del arte paleolítico y del denominado “arte exótico”, las pinturas se tacharon de falsas por los prehistoriadores franceses y españoles, estando al frente de todos el eminente Emile Cartailhac (1845-1921).

Los únicos valedores del hallazgo de Sautuola fueron Juan Vilanova (1821-1893) y Edouard Pielte (1827-1906).

En los años a caballo de los siglos XIX y XX, varios descubrimientos de cuevas con grabados y pinturas en Francia pusieron las bases para la rectificación del caso de Altamira. Entre otras: La Mouthe, Les Combarelles y Font de Gaume, y Marsoulas, en los Pirineos.

Con ello empezaba la enorme y larga labor del abate Henri Breuil (1877-1961).

Cartailhac y Breuil estuvieron en Altamira unas semanas de los meses de septiembre y octubre de 1902. De su estancia surgió un pequeño artículo y un gran libro. El primero es una noble reivindicación de la figura científica de Sautuola. El segundo, gracias al príncipe Alberto I de Mónaco, contenía las bellas copias de Breuil.

Mientras Cartailhac y Breuil trabajaban en Altamira, recibieron la visita de Hermilio Alcalde del Río (1866-1947). Este, en un corto espacio de tiempo, se convirtió en el mayor descubridor de cuevas de la cornisas cantábrica. Covalanas (Ramales), El Castillo (Puente Viesgo), Hornos de la Peña (San Felices de Buelna), EL Pindal (Pimiango), etc.

En Francia también se iban produciendo sustanciales avances y descubrimientos, sobre todo por obra del abate Breuil y sus colaboradores. Se puede decir que todo el siglo XX estuvo lleno de continuos descubrimientos de arte prehistórico paleolítico. Seguramente el más importante de ellos haya sido el de la cueva de Lascaux (Montignac, Dordoña), en 1940. Y el más sorprendente a la par que reciente, el de la cueva Cosquer (cerca de Marsella), cuya entrada quedó bajo las aguas en tiempos prehistóricos.