La derrota de Zenobia y la proeza de Aureliano

La derrota de Zenobia y la proeza de Aureliano

La derrota de Zenobia y la proeza de Aureliano

Dirigir un ejército de setenta mil hombre a través de más de cien kilómetros de desierto, bajo la amenaza permanente de la caballería enemiga y de los temibles arqueros palmirenos, suponía un gran mérito. Sobre todo si advertimos que los atacantes debían llevar consigo todo el equipo necesario para un asedio. Aureliano consiguió esa proeza y se presentó ante las murallas de Palmira con sus tropas. La fórmula que utilizó para intimar la rendición constaba de grandes dosis de moderación. “Ordeno la rendición de la ciudad y prometo seguridad para tu vida, Zenobia, bajo la condición de que tú y los tuyos fijéis la residencia en un lugar que yo indicaré y que el excelentísimo Senado habrá aprobado. Deberás entregar las joyas, la plata, el oro, la seda, los caballos y camellos al Tesoro público romano. Los ciudadanos de Palmira no perderán sus derechos”.

Cómo respondió Zenobia

Zenobia respondió de manera similar a como lo hiciera Cleopatra, quien prefirió morir como reina a vivir en condiciones que le parecían indignas. De manera arrogante, contestó que esperaba ayuda, ante todo de pueblos persas y tribus árabes del desierto. Estos no acudieron mientras que la presión del asedio se hacía cada vez más asfixiante. Hasta tal extremo que finalmente Zenobia perdió los nervios e intentó huir a territorio persa. Según la historia, fue alcanzada en el último instante por la caballería romana, que la perseguía justo cuando se proponía cruzar el Eufrates en barca con su hijo.

derrota de Zenobia

Si su intento de huida ya no se adaptaba a la actuación que había tenido su gran modelo, Cleopatra, la actitud que adoptó tras su captura no correspondía a lo que se esperaba de un personaje real. Según las descripciones de la antigüedad, se mostró zalamera ante Aureliano hasta el punto de hacerse impertinente. Atribuyó la culpa de su resistencia ante este a sus consejeros, sobre todo a su maestro y ministro, el filósofo Longino. Este y otros consejeros importantes fueron ejecutados poco después, mientras que Aureliano se mostró indulgente con los ciudadanos de Palmira. Los romanos sarcieron a costa de las riquezas de los templos y de los edificios públicos. De este modo, la riqueza de Palmira, amasada tras algo más de tres siglos de comercio de caravanas, pasó a engrosar el Tesoro público de Aureliano, y con la derrota de Zenobia, fue llevada prisionera.

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