Entrevista a Arcadi Oliveres para Vilaweb TV

Entrevista a Arcadi Oliveres para Vilaweb TV
Foto de wikipedia

ENTREVISTA A ARCADI OLIVERES PARA VILAWEB TV.

El capitalismo tiene que desaparecer, no acepto matices en este sentido”.
Realizada por Montserrat Serra, traducida por Pilar Guido Lavalle, con la inestimable ayuda de la web softcatala.org

Arcadi Oliveres (Barcelona, 1945) nos ha recibido en su casa, que era la casa de veraneo de su abuelo hace cincuenta años, en Sant Cugat. Hace dieciséis años que vive aquí.
Se trasladó cuando la presión inmobiliaria lo expulsó de Barcelona. En el patio, el día nublado se ha ido aclarando mientras hacíamos la entrevista. Cuando lo hemos saludado, de entrada, nos ha dicho que no se encontraba muy bien, que tenía dolores. Pero durante la entrevista se ha ido recuperando y en todo momento ha estado lúcido, reflexivo y apasionado también.

Hace tres semanas le diagnosticaron un cáncer y pocas semanas de vida. Como que Arcadi Oliveres es un referente del activismo social, del pacifismo y ha dado clases a 17.000 alumnos, la noticia se supo bien pronto. La familia abrió una página web a fin de que todo el mundo le pudiera dejar un mensaje. Ya hay más de 6.650. Es una manera revolucionaria de encarar la muerte, porque rompe tabúes, porque propone un adiós público, colectivo y compartido. Una muestra de gratitud que le da fortaleza.

De la muerte, lo preocupa conseguir un poco de la dignidad que supo tener uno de sus cuatro hijos, quefalleció con veintiocho años, también de cáncer. Eso sí que le preocupa.

Le hemos propuesto una entrevista sobre su trayectoria, para entender por dónde ha transitado y conocer los valores y las convicciones que lo han empujado y que ha defendido durante toda su vida.

—“Vivir quiere decir tomar partido.” Esta frase de Antonio Gramsci, diría que define a la perfección su trayectoria vital.

—Efectivamente, siempre que no añadas el adjetivo “político”. Tomar partido, pero no tomar partido político. A ver si me explico: está claro que se tiene que tomar partido, y mucho que se tiene que tomar; pero formar parte de un partido político, tal como lo interpretamos ahora, para mí es nefasto. Me moriré y nunca en la vida he tenido carnet de un solo partido político. Ahora, tomar partido por causas justas, tantas como quieras.

Por lo tanto, no haber militado en ningún partido político y hacer “otra política” es un hecho en el cual se reafirma?

—Cada vez estoy más contento de no haberlo hecho y cada vez estoy más convencido que el día de mañana la política se hará de otra manera. Al fin y al cabo, la existencia de partidos políticos habrá sido un paréntesis histórico. Yo diría que empezó con la Revolución Francesa, la derecha y la izquierda en las cámaras se fueron identificando, pero la política se tiene que hacer de otra manera. Hoy en día, la mayoría de temas políticos son de carácter transversal. No son agrupables tan solo por un partido. Son problemas globales, mundiales, quizás autonómicos, pero problemas que afectan a todo el mundo. Por lo tanto, me reafirmo al 100% en esto.

Hablando de autonomías, supongo que habrá seguido los últimos acontecimientos a raíz del encarcelamiento de Pablo Hasel.

—Los he seguido poco porque, te diré, la cabeza me baila un poco, por los dolores que tengo, que a veces son fuertes. Y, por otro lado, como que tengo la alegría de recibir tantas visitas, tantos mensajes y tantas cosas, no doy abasto. Sí que lo sigo, porque procuro leer cada día puntualmente el diario, pero no he hecho un trabajo en profundidad de qué ha pasado, ni con Hasel ni con las otras protestas ciudadanas que se han reiterado las últimas semanas.

Las protestas giran en torno a la libertad de expresión, que es uno de sus temas.

—Sí, pero a pesar de todo, el tema de la libertad de expresión, a pesar de que se ha acelerado los últimos tiempos, no es nada nuevo. Es un tema de toda la vida. Y, por lo tanto, yo diría que a veces aparece con un flujo más grande, otras no lo notamos tanto, pero no pierde actualidad. Por lo tanto, está y nos tenemos que preocupar, pero no tiene una particularidad más fuerte que otras veces. A mí me continúa preocupando más el hambre, los inmigrantes, que no esta libertad de expresión.

Es interesante la reflexión que se puede sacar sobre la desobediencia, qué es violencia y quién la ejerce.

—Es muy interesante. La desobediencia ha sido uno de los temas que me han maravillado en mi vida. Si el mundo tiene que progresar (y tiene que progresar), será gracias a acciones de desobediencia civil. La desobediencia civil es básica.

Una frase suya: “Moralmente estamos obligados a desobedecer.”

—Siempre contra normas injustas. Está claro, si las normas son justas, y plácidamente “obedecibles” pero en general, tenemos que procurar de desobedecer. Porque la mayor parte de las leyes son hechas por aquellos que quieren privilegiarse ellos mismos e ir en contra de los otros.

Se criminaliza quemar contenedores, pero no se condena o no se ve que hay una violencia de estado también en estos hechos.

—Quizás te sorprenderá esto que diré: yo soy contrario a la violencia contra las personas, pero también soy contrario a la violencia contra las cosas. No me gusta que se quemen contenedores. Creo que los bienes de la tierra se tienen que respetar. Lo cual (y esta es la segunda parte de la frase) no quiere decir que no sea mucho más culpable la violencia contra las personas que no la violencia contra las cosas. Pero, a pesar de todo, esto de “todo vale” no me gusta.

Y del papel de los jóvenes, estos jóvenes que dicen “basta” porque no tienen nada y por tanto no tienen nada que perder, ¿qué análisis haría?

—Los hemos asqueado con un sistema económico que es de lo más injusto que te puedas imaginar. Cuando a un joven le das un nivel de estudios notablemente elevado, cuando le abres unas expectativas de futuro y después me lo masacras sin trabajo, e incluso teniendo trabajo, con un sueldo de miseria, sin ninguna expectativa de progreso, porque las expectativas de progreso van a parar a otros, entonces es lógico que la gente joven se enfade. Es evidente, es obvio, es natural.

Entrevista a Arcadi Oliveres para Vilaweb TV
Foto de Albert Salamé, vilaweb.cat
Repasemos algunos aspectos de su trayectoria: estudió económicas y se doctoró con una tesis sobre desmilitarización. ¿Un economista antimilitarista y anticapitalista? Eso sí que hace daño al sistema.

—Tendría que hacer, me habría gustado. Pienso que no fui ni un gran académico ni un gran doctor, pero intenté decir tres o cuatro cosas en las cuales creía. Ha habido compañeros que han sabido desmontar mejor el capitalismo que yo. Ahora, esto de la militarización, es una majadería de una dimensión tan grande que no puedo entender que haya gente que crea en los ejércitos. Es una de las estupideces más grandes de la humanidad. Ningún ejército tiene justificación. Esto lo diré hasta el día que me muera.
¿Y cómo puede ser que todos los partidos políticos que aprueban el presupuesto del estado español destinen una partida? Es completamente absurdo. Ejércitos, ni uno. Y lo repetiré por enésima vez: no hay ninguno soldado que me merezca un aplauso. Si hay uno que se lo merece, éste es un desertor. Y para de contar. Ningún ejército tiene justificación. Ya ves que me excito un poco con este tema.

Está en forma.

—En forma, no, pero incordiado, sí. Y todavía me enfada más que nos lo quieran vender. Por ejemplo: llega la pandemia y cogemos cuatro soldaditos para limpiar los hospitales, para justificar la existencia. Y no me digas que no daba vergüenza a comienzos de la pandemia, en una conferencia de prensa, que hubiera el ministro de Salud (este tenía cierta lógica), pero detrás suyo tres o cuatro guardias civiles, policías, jefes del estado mayor…
Inútil! Inútil para la pandemia, e inútil para la sociedad.

Además del antimilitarismo, que le ha marcado toda su trayectoria, el combate contra el sistema capitalista siempre ha sido una de sus obstinaciones, porque seguramente es el denominador común de todas las luchas que ha empezado y en las cuales ha participado.

—Sí, es un sistema criminal, asesino. Y este sistema, volviendo al tema anterior, se sostiene a partir de estructuras militares o paramilitares y más, está claro.

Hay una mayoría que no cree posible un cambio de sistema. Y otros no lo quieren, porque se vive bastante bien en el primer mundo, aunque sea a expensas del tercero. ¿Qué diría?

—A los que no lo quieren, no les diría nada, porque lo mantienen por egoísmo y no merecen mi consideración. Y los primeros, quizás lo mantienen por buena fe y les diría que se informen bien y que analicen. Si miran qué han hecho los ejércitos a lo largo de la historia, verán que han hecho una sola cosa: ayudar a los ricos en contra de los pobres. Está claro que todo esto se tapa, pero bien es verdad que el ejército es una cosa nefasta.

Otro aspecto derivado del capitalismo que combate es, por ejemplo, la banca, que considera que se tendría que nacionalizar.

—En mi opinión, tan solo hay dos salidas: nacionalizar la banca y la banca ética.

¿Por qué Cataluña todavía no tiene una banca pública?

—No se ha querido. Ni aquí ni en España. Fíjate qué cosa tan paradójica: incluso en un momento tan absurdo y contradictorio como la dictadura de Franco, había banca pública en España. Y ahora, con un sistema neoliberal, ha dejado de existir.

Los primeros días del confinamiento se hablaba de la renta básica universal. Incluso el presidente Quim Torra la defendió. Pero ahora, de esto ya no habla nadie. ¿Cree que sería una buena opción aplicarla?

—Mira, esto es una serpiente que aparece y desaparece. Es cierto que se habló con el confinamiento, pero los primeros datos de aplicación de la renta básica, de los cuales yo dispongo, no son de ahora, son del 1972. Hace cincuenta años que se habla de la renta básica. Yo creo. Creo que podría ser una buena solución y que a estas alturas se tendría que aplicar en cantidad suficiente. Renta básica, universal e incondicional. A veces se hace lo que se puede, porque ahora hay en marcha aquello que la Generalitat sacó adelante y de lo que fui partícipe, que se llama renta mínima garantizada de ciudadanía, que está bien, pero que tan solo tapa agujeros para situaciones difíciles. Que yo prefiero que esté, a que no esté, pero no es la renta básica a la que te refieres.

Usted sustenta sus ideas a partir de datos que a veces no son fáciles de encontrar, y hace análisis comparativos para poner en evidencia la criminalidad y absurdidad del sistema. Por ejemplo, que la crisis del hambre causa 25.000 muertes diarias. O que el ejército español gasta 56 millones de euros el día. ¿Hasta qué punto es importante tener estos datos, esta información?

—Para justificar las cosas tienes que aportar datos e información. No puedes diagnosticar un señor de tuberculosis y no explicarle el estado de sus pulmones. Nos tenemos que basar en datos objetivos.

El Centro Delàs de Estudios por la Paz, que contribuyó a fundar, es un activo importante.

—Es una de las cosas que estoy contento de haber hecho ahora que marcho de este mundo. No es la única, pero contribuir a la creación del Delàs es una de las cosas que considero un activo de mi vida.

Le definen como activista social y economista. Y es cierto, pero quizás os corresponde más el término de pacifista. En esta actitud de vida tuvo un papel importante Lluís Maria Xirinacs, a quién tuvo de maestro cuando estudiaba en los escolapios.
¿Qué aprendisteis, de Xirinacs?

—Son de aquellas carambolas de la vida, de carácter afortunado. Él, que tenía unas ideas muy claras sobre el mundo en general y sobre el pacifismo en particular, no se cansaba de reiterarnoslo a los alumnos. Yo diría que, además de pacifismo, me enseñó una cosa tanto o más importante, que era la democracia. Es decir, el pacifismo era válido en la medida que el sistema era democrático. Me enseñó esto cuando yo tenía trece años. Y más adelante tuve la suerte de ser amigo y de trabajar conjuntamente en diferentes organizaciones. Pero tampoco es el único. Por suerte para mí, he disfrutado de más maestras.

¿Quiénes?

—Cuando pienso en Xirinacs, no puedo dejar de pensar en un compañero suyo, Paco “Pancho” Botey, un hermano de Jaume Botey. Paco Botey quizás era el otro pilar de esto que yo he hecho en la vida. La gente dice: Arcadi Oliveres, de Justicia y Paz. Y, mira, la paz me la introdujo Xirinacs y la justicia, Botey. Era misionero y se había paseado por las injusticias de todo el mundo, por Latinoamérica, por África. Él me empezó a hablar del Tercer Mundo, de la discriminación racial… Por lo tanto, estos dos pilares que me han configurado, justicia y paz, vienen de estos dos personajes.

A primeros de los años 80 os incorporasteis a Justicia y Paz, organización de la cual ha sido presidente entre el 2001 y el 2014. Era el 1982 cuando esta organización, entonces presidida por Joan Gomis, le encargó de calcular cuánto representaba el 0,7% del PIB del estado español, que era la parte que la Organización de las Naciones Unidas pedía en los estados de occidente para la cooperación internacional a favor de los países empobrecidos. ¿Cómo le marcó aquel estudio en vuestra trayectoria posterior?

—El estudio representó entrar a colaborar con Justicia y Paz, efectivamente. Ya tenía contactos anteriores, porque había colaborado en campañas contra la pena de muerte, contra la ejecución de Puig Antich, etc., pero con este estudio me vinculé. Por otra parte, el estudio nos abrió las puertas a la realidad del Tercer Mundo. A ver: el estudio del 0,7%, si lo miras con profundidad, para cambiar el mundo tiene muy poco peso. Porque aunque se destinara este 0,7% a la cooperación (que no se ha destinado nunca), el mundo no cambiaría. Porque podríamos dar este dinero a países que lo necesitaran, pero les tomamos tanto dinero, que no lo compensaría.

Después de la campaña del 0,7%, salió adelante la campaña para la condonación de la deuda externa. Según unos cálculos que tengo elaborados, tan solo te diré que la deuda externa, poniendo por caso que en los países del Tercer Mundo se lo hacemos pagar todo, significaría siete veces más que la cantidad que nosotros los daríamos con el 0,7% del PIB. Ahora, tiene importancia por el simbolismo. Porque explicita de qué manera son injustas las relaciones internacionales.

La campaña contra la entrada del estado español en la OTAN, el triunfo del “sí” al referéndum, debió de ser un momento duro.

—Es de las peores noches que he pasado en mi vida. Porque hasta última hora del recuento, estaba convencido que saldríamos de la OTAN. Y cuando vino este, digamos, filibustero de la política, que se llama Felipe González, convirtió un referéndum sobre sí querías o no querías entrar en la OTAN, en un tipo de plebiscito sobre si lo querías a él o no lo querías. El último día antes del referéndum no dijo “OTAN sí u OTAN no”, sino “Felipe sí o Felipe no”. Y como que en aquel momento tenía todos los votos que arrastraba de las elecciones anteriores, ganó el “no”.
Es uno de los peores personajes que tiene la política española. Además de haber organizado los GALO, aparte de ser un personaje impresentable en todos los sentidos. Y curiosamente todavía es muy bien considerado en las esferas políticas. El estado español ha tenido bastantes personajes impresentables. Evidentemente que el más criminal de todos fue Francisco Franco, pero ha tenido muchos, y Felipe González ocupa un lugar de honor entre los desastres de la política española.

A raíz del referéndum del OTAN, ¿se le cayeron las vendas de los ojos o ya le habían caído?


—Ya habían caído, pero no muchos días antes. Porque yo soy de buena fe y me pensaba que todo iría bien y después me di cuenta de qué intereses había por debajo. Cuando realmente me cayeron los velos fue cuando me enteré de qué había pasado antes: unos cinco o seis meses antes del referéndum, Felipe González había ido a Washington, había prometido al gobierno de los EE. UU. que haría tanto como le fuese posible porque España no saliera de la OTAN y, hipócritamente, había vuelto a Madrid y nos había dicho que saldría de la OTAN.
Impresentable. Este señor tendría que estar en la prisión hace muchos años.

En los años ochenta organizó una cantidad significativa de campañas y es el momento de auge de las ONG. Aun así, también fue el periodo en el cual desde los poderes del estado se desmovilizó la sociedad civil, en pro de la consolidación de la democracia, decían. Son años oscuros en este sentido: se pone fin a la fuerza de los movimientos vecinales, la canción de protesta hace estorbo y se deja de banda. Y hay toda una generación de gente de combate que queda fuera de juego.

—Esto era el falso advenimiento de la democracia. Nos creímos (y yo el primero) que llegaría la democracia y que seríamos más felices que un duende. Y fue que no. Y todavía tengo fijado en la cabeza, que dentro de Justicia y Paz, fui uno de quienes promovió con bastante vehemencia, la amnistía de los presos políticos franquistas. Pero después me di cuenta que, con aquella campaña, dos docenas de presos políticos salieron de la prisión, pero que miles de militantes franquistas, fascistas, asesinos, criminales sanguinarios, también salieron. Y todavía andan ahora por la calle. Lo he dicho muchas veces: mea culpa, mea culpa, un gran error.

Hay un ámbito muy interesante que no querría olvidar, en relación con el cambio climático y con la conciencia climática: en el libro Palabras de Arcadi, que acaba de ser publicado, explica que le impactó mucho, que en 1971, el Club de Roma (institución que se reunía para pensar sobre el futuro del planeta) ya hablaba de crecimiento cero, que no se podía crecer más. Se ha avanzado poco. El cambio climático ya está aquí.

— Arcadi Oliveres: Está claro, me impactó mucho porque yo había estudiado la carrera entre el 1962 y el 1968 y en estos estudios la economía era el eje central y tan solo se hablaba de una cosa: crecimiento, crecimiento y crecimiento. Y con este estudio, tres años después, me di cuenta que esto era un desastre: que los recursos se agotaban, que el planeta se contaminaba, que las diferencias se hacían muy grandes y que, por lo tanto, aquello que tantas veces me habían dicho quedaba completamente invalidado.

En el libro Palabras de Arcadi aportáis un dato importante: el 80% de las empresas catalanas no cumplen las normativas ambientales. Y añade: “Si no cambiamos esto, qué cambiaremos?”

— Arcadi Oliveres: Esto se responde fácilmente: el capitalismo siempre es un delito. Por lo tanto, si las empresas incumplen las normas ambientales, ¿qué hacen? Un delito. Reconozco que dentro del mundo capitalista puede haber pequeñas y medianas empresas con buena fe, que piensen que lo hacen bien, a pesar de que no lo hacen bien, pero el capitalismo es un delito desde el primer momento en que el sistema dice que la finalidad de la empresa es ganar dinero. La empresa no tiene derecho de ganar dinero. Que quede claro, una empresa no tiene nunca derecho de ganar dinero. Por lo tanto, si gana quiere decir que toma de alguien algo. Quizás es demasiado radical, quizás me he hecho viejo, pero pienso así.

¿A qué tiene derecho, pues, la empresa?

— Arcadi Oliveres: Tiene obligaciones: dar trabajo a la gente, pagarle un salario justo (y el gerente también tiene derecho de cobrar un salario justo, solo faltaría), producir bienes y servicios que sean útiles para cubrir las necesidades humanas, hacer obra pública… Pero no tiene derecho de ganar dinero. Ganar quiere decir que alguien pierde. Y si los gana, tiene la obligación de repartirlos y reinvertirlos. Mira, en 1983, faltaban cuatro días para hacer cuarenta años, me llevé un grupo de alumnos, creo que eran una docena, hacia el País Vasco, para que vieran las llamadas cooperativas de Mondragon. Porque aquellas sí que eran cooperativas de verdad, sí que eran empresas que se lo creían, sí que eran empresas que decían que el dinero no se tiene que ganar, sino que se tienen que repartir.

En los años setenta se vinculó a Pax Christi, organización católica dedicada a difundir la cultura de la paz en el ámbito internacional. Y después en representación de Justicia y Paz viajó y vivió diferentes experiencias, congresos y concentraciones internacionales, que os permitieron aprender unos conocimientos y unas maneras de hacer que después ensayasteis en Cataluña. ¿Esta es una de sus contribuciones también?

— Arcadi Oliveres: Efectivamente, como que a las organizaciones a las cuales yo pertenecía los gustaba salir e interactuar con más núcleos, me tocó ir. Y llegué a vivr experiencias latinoamericanas, también en India, en el África, y esto me enriqueció. Sin que esto ocupara el espacio de aquí, porque yo me movía en esta sociedad, me movía con estas organizaciones. Pero intenté aportar algunas de las novedades que estas estancias afuera me ofrecían. No podemos decir que esto fuese fundamental, pero si supuso un enriquecimiento a mi manera de ver las cosas.

Por ejemplo, el 1999 fue a Seattle, a la conferencia mundial contra la Organización Mundial del Comercio, que algunos marcan como el nacimiento de la antiglobalización.

— Arcadi Oliveres: Mira, tengo el falso orgullo de decir que soy uno de los dos catalanes que contribuyó. Porque en todo Seattle había 50.000 manifestantes. Dos de Cataluña: una compañera economista y yo mismo.

Ahora empieza a sonar bastante el concepto de economía circular.

— Arcadi Oliveres: No me gusta, ni la circular ni la del bien común ni estas cosas. Son formas escondidas de capitalismo y ya. Si se hiciera bien del todo, podrían tener sus razones, pero dicen economía circular y esto es volver a la economía que tenían los campesinos hace quinientos años. Ahora, el sustrato continúa siendo el lucro, el beneficio. Ya te lo he dicho antes: cualquier negocio que busque el lucro, que busque el beneficio, no me gusta. La economía tiene que estar al servicio de las personas. Yo quiero una economía donde todo sea muy distribuido, donde no haya tipo de interés (los bancos no tendrían que tener interés; si quieres, un 1% de la inflación y ya). El capitalismo tiene que desaparecer! Es un sistema perverso y lo tenemos que hacer desaparecer. No acepto matizaciones en este sentido.

Entonces, ¿cuál es la alternativa?

— Arcadi Oliveres: Distribución de la producción, distribución de la riqueza, distribución de los bienes. Producir para que la gente tenga cubiertas sus necesidades con las máximas garantías. Para decirlo fácilmente, sería un comunismo integral.

A lo largo de su vida os habéis comprometido con campañas importantes, grandes y pequeñas, por los derechos sociales. Querría destacar dos. La primera, el encierro en la iglesia del Pi para regularizar los papeles de un grupo de inmigrantes, en 2001.

— Arcadi Oliveres: Muy bonita aquella campaña, es de los mejores recuerdos que tengo, este encierro. De hecho, mi participación es una cosa indisociable a mi pertenencia a Justicia y Paz y a mi militancia. Situémonos en 2001. Esta próxima semana se cumplirán veinte años. Los inmigrantes se encontraban (entonces y ahora) sin papeles. No tenían documentación para poder circular libremente. Ellos decidieron, como un acto reivindicativo, encerrarse en diferentes iglesias de Barcelona, la más importante por número de gente era la iglesia del Pi, alrededor de mil cuatrocientas personas. Dijeron que harían un acto de desobediencia civil y que no saldrían hasta que no los aseguraran la regularización. Esto en el gobierno civil no gustó y enseguida se quejaron. Porque en un espacio reducido tenían más de un millar de personas encerradas, con unas condiciones higiénicas y sanitarias peligrosas.

La iglesia del Pi era un espacio que tenía poquísimos lavabos. Afortunadamente, los compañeros de la Cruz Roja cada mañana les hacían revisiones para evitar una epidemia. Pero esta era la parte más organizativa, después había la parte más reivindicativa. A alguien se le ocurrió (y me moriré sin saber quién) que los de Justicia y Paz podríamos proponer una intermediación. En aquel momento, el presidente de Justicia y Paz era Joan Gomis, pero estaba como estoy yo ahora, con un cáncer terminal galopante. Y como que yo era el vicepresidente, me trasladaron la responsabilidad de esta negociación. Te aseguro que fue entusiasmante.

Fueron tres meses de ir día sí y día también a la iglesia del Pi a empezar una negociación, donde había representantes de la Generalitat, de las ONG, de los inmigrantes, para ver qué se podía hacer. Como que había marroquíes, senegaleses, urdús, cada una de las discusiones lo tenías que hacer cuando menos en cuatro lenguas. De forma que un debate que podía durar diez minutos, de entrada duraba una hora.

¿Y como lo resolvisteis?

— Arcadi Oliveres: Es verdad que el gobierno civil no tenía ganas que aquello se les escapara de las manos, y mi actuación máxima, personal, fue lanzarme a la piscina. El gobierno civil dijo: “Nunca daremos papeles bajo presión, pero si los da usted, no nos opondremos.” En representación de Justicia y Paz, los firmé un papel, a los novecientos inmigrantes, donde decía que si abandonaban la iglesia, el gobierno civil les daría el permiso. Pero la responsabilidad era mía. Y el gobierno civil cumplió su parte. Este es de los mejores recuerdos que me llevo al otro barrio.

Otro momento importante de reivindicación social fue el movimiento del 15-M, el 2011, diez años después. ¿Cómo lo valora ahora?

— Arcadi Oliveres: El movimiento del 15-M tenía su punto neurálgico en la plaza de Cataluña de Barcelona. Y Justicia y Paz tenía su punto neurálgico en la calle de Rivadeneyra, junto a la plaza de Cataluña. Cuando iba cada día a Justicia y Paz, pasaba por allá. El día 15 de mayo de 2011 había prevista una manifestación de grupos como por ejemplo los sin papeles, los que reclamaban las pensiones, etc. Y como que yo pasaba por la plaza en aquel momento, me vieron y me pidieron que leyera un manifiesto antes de empezar la manifestación. Y mientras esto pasaba, justo aquellos días, se estaba muriendo mi hijo. Tenía un cáncer. Igual que el mío ahora, repartido por todo el cuerpo. Y a mí lo que me pasaba era que durante el día estaba en la plaza de Cataluña con estos jóvenes y al atardecer, cuando llegaba a casa, mi hijo, que ya estaba fatal, todavía me consolaba.

Todavía me daba ideas de qué cosas se tenían que hacer. Y todavía quiso que lo llevara a la plaza de Cataluña con silla de ruedas a manifestarse por aquella gente. Y para mí fue de aquellos momentos vitales que lo vives todo a la vez. El 15-M al final fue como fue, con unas reivindicaciones que se lograron y otras que han quedado diseminadas en aquello que denominan las Mareas.

De aquel momento también se deriva la aventura del Proceso Constituyente, el 2013.

— Arcadi Oliveres: Aquello fue diferente, una aventura de carácter político. Aquí intervine como persona elegida. Porque había diferentes grupos con los cuales simpatizaba mucho, que pretendían algo que me sabe mal que me moriré sin haberlo visto, que se llama la unidad de la izquierda. A mí me habría gustado que toda la izquierda se uniera. Y esta idea estaba. Y fueron a buscar a Teresa Forcades y a mí mismo, a ver si podíamos dar encabezamiento, dar nombre, al movimiento. Me vinculé al 100%. Y a pesar de que el Proceso Constituyente no ha desaparecido, ahora está muy amortiguado.

¿A pesar de que el Proceso Constituyente fracasó, lo continúa considerando un proyecto de valor?

— Arcadi Oliveres: Me costó mucho desentenderme de las propuestas. Porque había cosas muy bonitas y atractivas. Pero yo nunca había querido pertenecer a ningún partido político y, por lo tanto, se me escapaba un poco, y por otra parte, me daba cuenta de una cosa mucho peor, que soy un inepto y que soy incapaz de salir adelante en ninguna actividad política. Puedo ser charlatán, puedo estar en movimientos sociales, pero como político, un cero.

Quizás la unidad de las izquierdas no es posible, ¿pero por qué es tan difícil de llegar a acuerdos más concretos de carácter social?

— Arcadi Oliveres: Me habría gustado que llegaran a acuerdos. Además, si lo miras con profundidad, diferencias fundamentales de ideología, tampoco tienen. Yo diría que aquí juegan dos cosas: personalismos y estrategias políticas. Y esto lo destroza todo.

Querría preguntarle por los presos políticos y los exiliados. ¿Ve alguna solución?

— Arcadi Oliveres: En este país la falta libertad y la solución, ¿cuál es? Meter en la prisión al ministro de Justicia, meter en la prisión a Llarena, y a todos los que han redactado la constitución, esta es la solución. Son personajes impresentables, delincuentes todos. Y echar al primero, el más culpable de todos, que es un monarca que no se llama Juan Carlos I, sino Felipe VI, hasta el último cargo político. ¡Todos fuera! Quizás me emociono demasiado.

Usted ha dicho que al proceso de independencia le ha faltado hasta ahora el debate sobre qué país queremos. ¿Qué Cataluña querría para sus nietos?

— Arcadi Oliveres: Creo que el debate sobre el proceso independentista ha tenido tres déficits importantes. El primero es la precipitación. Nos pusieron la miel en la boca (y a mí, el primero), sin que hubiera ni cifras objetivas ni el conocimiento de la gente. El segundo, no hemos definido el país que queremos. ¿Y qué país queremos?

Un país sin ejército. Nunca Cataluña tendría que tener ejército. Un país donde las entradas y salidas de la gente sean libres, porque la migración sea completamente abierta. País donde no haya banca privada (yo no quiero una Cataluña delictiva). Un país donde la ecología sea salvaguardada. Un país donde no haya empresas que ganen dinero (las empresas tienen que ser cooperativas). Esto seria para mí el país.

Y la tercera cuestión, que también considero importante, aunque hay gente que me lo discute, es que un país como Cataluña tiene que tener la capacidad de explicarse a los otros. Yo lo hice una vez. Me pidieron que fuera a León a explicarles qué era la independencia de Cataluña. fui y después me dijeron: “Esta independencia también la queremos nosotros.”

Y supongo que usted quiere una Cataluña republicana, también.

— Arcadi Oliveres: Hombre, está claro, no sé por qué he pasado al ejército sin pasar por la república. Y tanto. Una monarquía no se entiende, es una cosa previa a la Revolución Francesa. No se puede admitir nunca, nunca. ¡República siempre!

Habéis dicho que el miedo es un gran enemigo de la libertad. Y también, en el contexto de la pandemia, que “nos hacen tener más miedo de lo que quizás tendríamos que tener”. ¿Cómo lo encaja al miedo con la situación en que se encuentra?

— Arcadi Oliveres: Creo que llegará. De momento no he tenido, pero llegará, forzosamente llegará. Tengo un tipo de sentencia, que se puede decir pena de muerte, porque la sentencia médica dice: usted es un enfermo terminal, tiene un cáncer generalizado, no puede hacer nada, le quedan pocas semanas de vida. Pero quizás todavía no he tomado conciencia. He tenido tanto afecto cerca mío, tanta capacidad de cariño, tanta gente que me rodea, tantas visitas. Pero hay una cosa que sí que me agobia y es que seguí muy de cerca la muerte de mi hijo. ¡Y lo hizo con tanta elegancia! Él, que tenía veintiocho años, que padecía un cáncer dolorosísimo, mantuvo una dignidad extraordinaria. De forma que, como mínimo, tengo que mantener un 10% de la que él tuvo. Y no lo sabré hacer. Él sabía mucho y yo no. Y eso sí que me da miedo.

Desde fuera vemos que hace este proceso hacia la muerte de una manera nada convencional, rompiendo tópicos, compartiendo el afecto con la gente. La página web que abrió vuestra familia porque todo el mundo pueda dejar mensajes de afecto, gratitud, admiración y consuelo, es una muestra. ¡Ya hay más de 6.650!

— Arcadi Oliveres: Esto es cierto. Si tú quieres, es una pequeña vanidad mía. Porque cuando una persona se muere, en general el día siguiente se acostumbra a hablar bien de él. Cuando supe que me moría, pensé: “Las pequeñas alabanzas que te pueden hacer, las leerá todo el mundo, pero tú no, que estarás muerto.” Y entonces un hijo mío que es informático me dijo: “Ya te lo arreglaré yo.” Y abrió esta web. Y he tenido la suerte de leer estas pequeñas alabanzas (unas cuántas, no todas), y esto, si quieres que te diga la verdad, es ser presumido, pero me gusta y me reconforta.

Más allá de la pequeña vanidad que representa, también es una manera de mirar toda una vida.

— Arcadi Oliveres: Sí, es una mirada retrospectiva. Cuándo has estado ante 17.000 estudiantes, que han pasado por mis aulas, te das cuenta que a muchos les ha servido. Unos me dicen que fui un buen profesor, otros que les cambié el pensamiento y alguno me ha llegado a decir que cambió de trabajo y dejó de trabajar en el banco.

Os habéis convertido en referente de más de una generación.

— Arcadi Oliveres: Nada. Mira, yo he tenido suerte del lugar donde nací, la familia en qué caí, la escuela donde fui, la universidad donde estudié, el periodo universitario mío, la mujer con quien me casé, los hijos que he tenido, los amigos que me han rodeado, las organizaciones en que he trabajado… Todo esto son una serie de carambolas que me han llegado. Yo, personalmente, cero. Aquellos pequeños con los cuales trabajaba hace veinte años, que venían de Argelia, que dormían en la calle, no han tenido estas condiciones favorables que he tenido yo. A ellos sí que les era difícil. A mí me ha estado más fácil.

Fuentes
https://www.dailymotion.com/video/x7zluro
https://www.vilaweb.cat/noticies/arcadi-oliveres-entrevista-activista-capitalisme/
para dejarle un mensaje de despedida:

https://driveuploader.com/upload/2xa63VGv4I/
https://missatges.arcadioliveres.cat/