En la era de la desinformación: una amenaza real

En la era de la desinformación: una amenaza real

Es innegable que nuestro mundo está conectado e interconectado. Jamás los seres humanos tuvimos tanta información a nuestro alcance ni una tecnología tan asequible para poder intercambiarla. Pero bajo estas bondades, se esconden también amenazas reales y presentes para la verdad de la información como son la desinformación, el ciberpopulismo y el cibercontrol.

En los últimos tiempos, han crecido estas amenazas, y cuyas problemáticas hacen que para el ciudadano de a pie sea más complicado escapar. Las fake news (bulos) están presentes no sólo en las redes sociales y sitios webs. También han ido creciendo como arma estratégica en manos de las denominadas “cibertropas”.

Aunque la propaganda y la manipulación informativa son recursos ya muy antiguos, tanto como la guerra y la política, el desarrollo de las nuevas tecnologías, la democratización de internet y la gran cantidad de datos han amplificado sus capacidades y efectos sobre toda la población.

Aparentemente, el acceso de la información a las redes es gratuito, aunque la realidad es otra. Los anunciantes financian el sistema a cambio de captar la atención de los usuarios. Las plataformas compiten por la atención de los consumidores de información. Usan algoritmos poderosos para perfeccionar la información de manera personalizada y dedicada a cada persona. Los usuarios han pasado de ser vistos como clientes para ser usados como productos con los cuales competir.

Las aplicaciones saben todo sobre nosotros. Conocen nuestra personalidad y saben si estamos incluso felices, deprimidos o tristes. Detrás de las redes hay toda una maquinaria de predicción del comportamiento, que ayuda a monetizar grandes cantidades de dinero.

En realidad, el problema no sólo radica en las plataformas que tengan esta habilidad predictiva. Sino que han conseguido el poder para modificar gradualmente el comportamiento y la forma de pensar de los usuarios. A través de la entrega sutil de información y sugerencias.

Pilares de la desinformación

La era de la desinformación: fake news

Creación y distribución de la información

Como señaló Rand Waltzman (antiguo integrante de Darpa, Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa), hoy cualquier persona o grupo puede comunicarse con otros tantos a través de internet y ejercer así la influencia. Esto trae beneficios, pero también riesgos, siendo éstos la pérdida de las normas de excelencia periodística que normalmente se respetan en los medios tradicionales. La falta de intermediación institucional impide un discurso compuesto por hechos universalmente aceptados, verídicos y verificables.

Exactitud y relevancia

Aquí entraría la socialización de la información. En vez de recibir información directa de los intermediarios institucionales (que, con sus defectos en la ejecución, se adhieren en principio a una serie de normas editoriales que son públicas), lo hacemos de nuestras redes de contacto. Y esas redes pueden dar mayor visibilidad a un material. Gracias a factores como la cantidad de clics recibidos o la cercanía y confianza entre amigos, en vez de la exactitud o la importancia de la información.

Además, el acceso a la información por medio de redes de amigos, puede generar un eco formado por noticias que refuerzan los sesgos propios. Esto también indica que una persona que normalmente consumía noticias de manera moderada, hoy recibe una gran cantidad de polémicas y debates políticos, donde se incluyen también falsedades y posturas extremas, aumentando el riesgo de la desinformación o polarización en sectores de la opinión pública.

Atomización de la información

Es decir, la falta de unión entre la noticia individual y su origen. Antes, los lectores podían distinguir con facilidad entre las fuentes no creíbles (prensa amarilla) y las fuentes creíbles (periódicos locales o nacionales con reputación). Ahora, un artículo del The New York Times compartido por un amigo puede verse igual de creíble que otro sacado del blog de teorías conspirativas. Y, según un estudio del American Press Institute, el remitente del enlace tiene más importancia para los lectores que la fuente original del artículo.

Anonimato

Anonimato en la creación y distribución de la información. Es normal que las noticias en internet no indiquen el medio que las origina y no posean firma del autor. Esto nos impide ver los conflictos e intereses que esconden las noticias, ofrece coartada a gente que manipula la información y crea un terreno abonado para la actividad de bots (sistemas automáticos que simulan ser personas, dando a me gusta e incluso respuestas para crear tendencias o conflictos e influir en la opinión de la gente).

Un estudio del 2015 halló que cerca del 50% del tráfico web mundial procede de bots, incluso cerca de más de 50 millones de usuarios de Twitter y 140 millones en Facebook, exhiben comportamientos no humanos, es decir, son bots.

Personalización

A diferencia de los medios impresos, la radio o la televisión, los creadores de contenido para internet pueden hacer pruebas A/B (mostrar versiones de una página y medir la respuesta) y crear mensajes individualizados en tiempo real.

Mediante la “manipulación emocional automatizada”, bots y dark posts (anuncios solo visibles para el destinatario) en Facebook, pruebas A/B y redes de noticias falsas, grupos como Cambridge Analytica pueden crear propaganda personalizada, adaptativa y en última instancia adictiva, por poner un ejemplo. El equipo de campaña de Donald Trump llegó a medir respuestas a entre 40 y 50 mil variantes de anuncios cada día. Para posteriormente adaptar y dirigir mensajes según los resultados.

Falta de regularización

A diferencia de la TV, prensa y radio, las plataformas sociales como Facebook o Twitter se autorregulan, y no exactamente bien.

A pesar de las muchas polémicas, ninguna de estas plataformas se ha llegado a pronunciar claramente sobre la regulación de las mismas. Facebook, por ejemplo, aceptó en cierto momento antes sospechas el revelar información sobre los anuncios, aunque se niega a ofrecer todavía datos sobre otras formas de desinformación.

Esta falta de datos dificulta la respuesta ante el aumento de la desinformación y propaganda (no hablar de la polarización política y el tribalismo impulsado).

redes sociales: desinformación y bulos

Todas estas claves te harán comprender qué ventajosa es la desinformación y por qué existen auténticas empresas y plataformas que incentivan las fake news y el control sobre lo que ve o no ve el consumidor de información.

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