¿Es la felicidad hereditaria?

¿Es la felicidad hereditaria? Bebé riendo

¿Es la felicidad hereditaria?

Si son nuestros padres felices, ¿lo seremos también nosotros? ¿Es la felicidad hereditaria? ¿O depende más de factores externos? Sin duda son muchas preguntas a resolver.

Según diversos estudios, en el hemisferio izquierdo del cerebro almacenamos sentimientos positivos de alegría y felicidad. Mientras, en el hemisferio derecho almacenamos nuestros sentimientos de miedo y tristeza.

Entre los recién nacidos ya existen diferencias entre los dos hemisferios cerebrales. David Lykken, profesor emérito de la Universidad de Minneapolis escribió en una ocasión: “es posible que todos los intentos voluntaristas de ser más feliz se hallen tan condenados al fracaso como lo estarían los intentos de dejar de ser bajito”.
Para reforzar su argumento, Lykken se basó en la mayor encuesta realizada entre hermanos gemelos. Se preguntó a más de 1.500 pares de gemelos adultos si eran felices en su vida. De ellos, 700 pares eran gemelos univitelinos, dotados de idénticos cromosomas.
Sin que ninguno supiese qué había contestado su hermano, se una mayor proporción de respuestas coincidentes.

Lo que llevó a Lykken a afirmar que la felicidad va ligada a la genética.
Es evidente que nuestros genes influyen en nuestro carácter. Las depresiones obedecen en gran parte a nuestros genes heredados. Los sujetos que tienen parientes de primer grado con comportamiento depresivo tienen cuatro veces mayores probabilidades de padecer una depresión en algún momento de su vida.

Nuestras circunstancias nos hacen cambiar


Sin embargo, Nuestros pensamientos se ven influenciados con el mundo exterior. Unos pocos casos aislados como los de los de los gemelos no deben de ser la regla.
En la universidad canadiense de McGill, el neurobiólogo Michael Meaney ha demostrado, con pruebas sobre ratones, que la infancia es fundamental para enfrentarse a situaciones difíciles. Los ratones cuidados por sus madres con cariño eran capaces de soportar mayores niveles de estrés que sus otros hermanos aislados.
El neuropsicólogo Davidson también fue capaz de comprobar cómo habían cambiado las características cerebrales de niños, a los que les había hecho las mismas pruebas siendo bebés.
Incluso los cerebros adultos son capaces de cambiar ante influencias externas. A lo largo de nuestra vida nos encontramos con situaciones que nos hacen cambiar nuestro punto de vista.