Islas oceánicas, los hábitats más aislados del mundo

Islas oceánicas, los hábitats más aislados del mundo

Islas oceánicas, los hábitats más aislados del mundo

Una isla oceánica, rodeada de una basta extensión de agua, es el hábitat más aislado del mundo: en ella pueden evolucionar plantas y animales desconocidos en otras partes.

En el mundo existen múltiples hábitats aislados, como las cimas heladas de montañas que surgen del bosque tropical, o los oasis en medio del desierto. Pero el más aislado de todos son las islas, ya que el mar es la barrera más infranqueable para los animales terrestres.

Las islas pueden ser de dos clases: continentales y oceánicas. Estructuralmente las islas continentales forman partes de los continentes adyacentes. El tipo más frecuente, del que son ejemplo las islas Británicas y Terranova, es un trozo de plataforma continental que sobresale de las aguas. Algunas están más aisladas y se hallan rodeadas por aguas profundas como Madagascar, Kerguelen, Nueva Zelanda y Georgia del Sur, que son fragmentos de continente que en alguna época debieron de estar más próximos a este.

Las islas oceánicas nacen a consecuencia de erupciones volcánicas submarinas. En ningún momento de su historia estuvieron unidas al continente, sede principal de la evolución de plantas y animales terrestres.

Sobre estas islas oceánicas la vida vegetal y animal es escasa. No existen los anfibios ni la mayoría de mamíferos terrestres, a excepción de los murciélagos, y los reptiles son escasos.

En muchas de estas islas las aves y los murciélagos son los únicos vertebrados no acuáticos.

Faltan muchos grupos de insectos, como las libélulas, cuyas primeras fases son de agua dulce.

Islas oceánicas, los hábitats más aislados del mundo

Antepasados marinos

Muchos animales terrestres y de agua dulce existentes en islas oceánicas han evolucionado directamente de antepasados marinos. Sirvan como ejemplos los cangrejos terrestres y la mayoría de los peces de agua dulce que se encuentran en islas oceánicas.

Aunque el animal o planta que llega a una isla remota apenas tiene competidores, la colonización no es fácil. Las islas oceánicas son normalmente más húmedas, con mayor nubosidad y más barridas por los vientos que los continentes, y estas diferencias climáticas pueden perjudicar las plantas, especialmente las que necesitan mucho sol para madurar sus frutos. Es posible que los insectos no puedan sobrevivir al faltar sus plantas alimenticias. Esta es la razón por la que las mariposas nocturnas del Brasil que ocasionalmente se ven en Tristan da Cunha no puedan establecerse allí.

Las aves pueden llegar exhaustas y no encontrar alimento conveniente, como una garza real de América del Sur vista en las aguas sin peces en la isla de Gough, en medio del Atlántico. Además, a menos que la recién llegada sea una hembra fecundada, se requieren macho y hembra para poder colonizar una isla.

Las islas oceánicas son pequeñas, con menos hábitats que los continentes, y esta es otra razón por la que soportan menor variedad de plantas y animales. Pero estas islas ofrecen oportunidades propicias para colonizadores con suerte.

Las plantas de las islas oceánicas

Plantas que en los continentes suelen estar relegadas a hábitats marginales, pueden extenderse por una isla en la que las especies dominantes de árboles de bosque no existen. La hierba puede crecer sin límite porque no hay quien la paste. Generalmente tampoco existen mamíferos depredadores, por lo que las colonias de aves marinas y las aves terrestres que anidan en tierra pueden extenderse por todo el suelo accesible.

Cuando una especie ha colonizado alguna isla remota el aislamiento le impide cruzarse con las de su estirpe. Esto, junto con adaptaciones a diferentes condiciones y competidores, conduce frecuentemente a la evolución de una nueva especie propia de la isla, es decir, a un endemismo insular. En aves e insectos, la nueva especie suele ser no voladora. Una sola especie inmigrante puede producir varias especie endémicas diferentes, cada una viviendo en un hábitat distinto. Cuanto más grandes, antigua y compleja sea la isla, más grande puede ser su variedad de hábitats y especies endémicas.

El hombre, primer mamífero terrestre que venció todas las barreras oceánicas, ha puesto en peligro la existencia de muchas comunidades vegetales y animales al introducir e las islas oceánicas especies continentales competidoras. Ha plantado cosechas. Sin darse cuenta ha introducido muchos insectos nuevos; ha importado ganado, cabras, ovejas y cerdos que se alimentan de una vegetación anteriormente nunca pastada. Además ha dejado sueltos depredadores, como perros, gatos y ratas, entre seres incapaces de oponerles resistencia.