¿Quién escapa al estrés? Depende de cada uno

Estrés

¿Quién escapa al estrés?

El estrés convive con la inquietud y prisas, ruido, aire contaminado o enrarecido, tráfico intenso, estrechez y enfados son acompañantes constantes en el deambular diario del ser humano. No es de extrañar que las neurosis (anomalías de comportamiento y funcionales) y las alergias (hipersensibilizaciones orgánicas), se extiendan.

Cuando decimos que al ser humano se le exige demasiado abarcamos a todos. Mayores, jóvenes y niños y aludimos a todo el entorno que les rodea, desde el trabajo al hogar pasando por la escuela.

Por desgracia, en la sociedad el desarrollo es contradictorio, aún cuando se le tilde de “humanizante”. El ser humano se ve amenazado con quedar sometido física y psíquicamente al aparato del desarrollo por él creado.

Hay estrés tanto en niños como adultos

Los niños que, por falta de espacio y por consideración a los vecinos, no pueden alborotar y en vez de ello permanecen sentados durante horas, no sólo se vuelven débiles corporalmente sino que también tienen el sistema nervioso sobreexcitado. A los jóvenes se les exige demasiado en más aspectos: anímicamente, por manipulaciones violentas y crueles desde la pequeña pantalla; intelectualmente, por la dificultad de asimilar cosas diferentes; corporalmente, por el esfuerzo de la inmovilidad y, al mismo tiempo, por el abandono del sistema muscular.

Cuanto más pequeño es el niño más pesada es la carga. El que los niños pequeños se duerman, incluso si están viendo una película interesante, es un signo de salud mental. Desgraciadamente, por regla general, se ve demasiada televisión. Pero quien permanece atento durante demasiado tiempo a la pequeña pantalla con frecuencia padece falta de concentración, nerviosismo, insomnio o sueño inquieto y trastornos de estómago o intestinales.

Hoy día, a los jóvenes también se les exige mucho en la escuela. Los médicos advierten que los alumnos de segunda enseñanza a veces tienen que enfrentarse a una jornada de 12 a 14 horas de trabajo. Esto (cuando se suma al miedo a los exámenes) es un estrés de primera categoría; no pocos estudiantes tienen ya úlceras de estómago o dolencias cardíacas causadas por los nervios.

Para los adultos, la lucha laboral y competitiva, la trepidante vida de sociedad, el enfrentamiento diario con los autobuses repletos o la circulación embotellada de semáforo en semáforo son los principales factores de estrés.

Cómo afecta al sistema nervioso

El sistema nervioso vegetativo, que controla la contracción o dilatación de los vasos sanguíneos, transmite la intranquilidad del cerebro al cuerpo, origina una deficiente vascularización de los órganos internos y estimula sin necesidad el sistema circulatorio.

Según algunos médicos, las “personas activas” están especialmente expuestas a padecer un infarto. Las personas activas son aquellas que a pesar de las dificultades continúan trabajando, que intentan conquistar el éxito, que socialmente no están en el lugar que les gustaría ocupar, que se muestran valientes y no atienden a los primeros síntomas de la enfermedad, incluso la nerviosa, hasta que esta se manifiesta físicamente, normalmente con un infarto.

Pero no solo las presiones constantes afectan al corazón, sino que también las preocupaciones. Muchas frases hechas expresan la realidad de la neurosis cardíaca. Antes se pensaba incluso que el corazón era el alma del cuerpo, pues el cerebro sólo muestra su presencia a través de un dolor de cabeza (que en realidad proviene de las membranas del cerebro o de los nervios craneales; el cerebro es insensible). Por el contrario, el corazón reacciona realmente ante estímulos sensitivos de todo tipo.

El sistema nervioso arrastra al resto

¿Cómo pueden la tristeza, el miedo o la ira arrastrar a nuestro organismo? El sistema neurovegetativo, llamado también ‘simpático’, es de nuevo el responsable.

En este caso ‘simpático’ no significa ‘agradable’ o ‘atento’, como cuando se califica a una persona, sino que el término se utiliza en su significado original “compartir la pena”.

Dado que comparte los sentimientos, el sistema nervioso simpático, llamado también vegetativo, no es ni mucho menos tan “autónomo” como expresa esta última denominación. De hecho no puede ser controlado por la razón, pero es muy influenciable por estímulos del mundo que nos rodea. De esta forma, la ira o la excitación pueden afectar a la vesícula biliar y al corazón.

La forma civilizada de consumir los alimentos ya no precisa de la ayuda de ingentes cantidades de ácido clorhídrico en el estómago. Es por tanto innecesario que a la vista de un escaparate de exquisiteces se le “haga la boca agua” y el estómago empiece a secretar jugos. Pero es aún más innecesario que sus órganos digestivos, como reacción a los enfados laborales, durante la noche produzcan litros de ácido que digieren las mucosas y conducen a la úlcera de estómago.

El ruido como factor

Uno de los peores factores de estrés es el ruido, al que ya casi es imposible escapar. El otorrino de Nueva York Samuel Rosen informó que un ruido de 70 decibelios (dB) tiene un efecto contractor sobre los vasos sanguíneos pequeños, es decir, que causa trastornos en la irrigación. Una máquina de escribir situada a 2 m emite 70 dB.

En una conferencia de prensa un periodista preguntó a Rosen si la sensibilidad al ruido no es una característica muy individual. Por ejemplo, en una redacción hay siempre varias personas telefoneando o escribiendo simultáneamente y que a él, que estaba preguntando, que le gustaba ese ambiente ruidoso. El Dr. Rosen contestó que el ruido podía afectar psicológicamente (según la motivación) de formas muy diversas. Pero los órganos del cuerpo no pueden ni acostumbrarse ni distinguir entre ruido “agradable” y “desagradable”. Cualquier ruido superior a 70 dB les molesta, pues a partir de esta intensidad de sonido los vasos sanguíneos se contraen.

El Dr. Chauncey Leake, profesor de farmacología y terapia experimental en la Universidad californiana de San Francisco, añadió: las ondas sonoras de cada avión, máquina cortacésped o motocicleta actúan sobre el sistema neurovegetativo, tanto si está despierto como dormido. “El ruido es un estrés en el sentido fisiológico y en el psicológico”. Naturalmente, el factor psicológico desempeña un papel más importante: rara vez molesta el ruido que produce uno mismo. Solamente es inaguantable el alboroto de los demás.

Si se contemplan los diferentes influjos perjudiciales del medio ambiente, el ruido es el principal causante de estrés y, sin embargo, desencadena menos reiacciones en contra. Muchas personas creen seriamente que la perniciosidad del ruido está siendo exagerada. Esto se debe a que desde el punto de vista psicológico (no corporal) podemos acostumbrarnos al ruido, bien sea por resignación o por adaptación.