La terrible enfermedad del alzheimer, lo que debes saber

La terrible enfermedad del alzheimer

La terrible enfermedad del alzheimer fue descrita por primera vez el año 1907 por el neurólogo Alois Alzheimer (que más tarde fue médico personal de Nietzsche) en una mujer de 50 años, y forma parte de un grupo de enfermedades que reciben el nombre de demencias seniles y preseniles.

La enfermedad de Alzheimer, calificada por Plum como “la epidemia que se nos aproxima” tiene unas cifras ya muy elevadas tanto en España como en el resto del mundo. Con toda seguridad estas cifras aumentarán en el futuro debido al progresivo envejecimiento de la población. Además, alrededor de un 5% de las personas mayores de 65 años desarrolla una demencia senil tipo Alzheimer.

Los síntomas de la enfermedad (de etiología desconocida y que suele manifestarse en edades avanzadas de la vida, aunque a veces tiene un inicio más precoz), el primero de los cuales es una pérdida progresiva de la memoria. Se manifiestan en forma de deterioro gradual de diversas áreas de la actividad intelectual. Tales como la dificultad para adquirir nuevos conocimientos o para el cálculo abstracto, trastornos del lenguaje, incapacidad para comprender explicaciones y efectuar tareas sencillas.

Progresivamente este deterioro avanzará hasta el cambio de personalidad, la depresión o la ira, el deambular errante, la paranoia y las alucinaciones. Más adelante, las caídas frecuentes, la incontinencia, la pérdida de peso y la dependencia de una silla de ruedas. La muerte debido a la enfermedad suele estar en un periodo de tiempo entre los 4 y los 15 años.

El diagnóstico de certeza de esta enfermedad se basa en el hallazgo de los cambios estructurales típicos en el cerebro mediante una biopsia. Se mide si hay una cantidad anormalmente elevada de placas seniles y degeneración neurofibrilar con una disminución clara de neuronas colinérgicas.

El problema social y familiar de la terrible enfermedad del alzheimer

El problema social y familiar que plantean estos enfermos es enorme. Se debe conducir en el seno de los departamentos de Servicios Sociales y las Asociaciones de Familiares de Enfermos de Alzheimer. Con asesoramiento médico especializado.

El tratamiento debe incidir sobre las enfermedades asociadas, sobre la independencia y dignidad del enfermo, sobre los problemas psicológicos añadidos y sobre el deterioro mental mediante un tratamiento conductual y farmacológico.

De esta manera se hará más llevadera esta enfermedad y retrasará en lo posible su evolución, ya que no se conoce en estos momentos un tratamiento curativo.

Se están haciendo estudios exhaustivos a nivel molecular (neurotransmisores, nuevos neuropépticos, etc.). Se valoran los resultados del trasplante de células coligérnicas y dopaminérgicas. Que hasta el momento se han estado experimentando en animales. Se está valorando asimismo la posible implicación de anomalías del cromosoma 21 en la génesis de esta enfermedad. Con lo que se abre un nuevo resquicio a la esperanza.