Tú te estancas mientras ves que los ricos se siguen forrando

Imagínate que tienes una pequeña barca con remos y que tu objetivo es llegar a una isla lejana.

Tú que te has preparado duramente para saber remar, remas y remas todos los días, pareciendo que la isla está cada vez más cerca.

Como quieres llegar antes, en vez de remar ocho, remas diez horas al día. Cuando apenas de falta un kilómetro para llegar notas el agotamiento, pero sigues remando.

De repente, sin apenas avisar, otra barca se acerca empieza a adelantarte.

Esa barca no es más grande que la tuya, pero sí mucho más rápida. ¡Eso nos es posible! Piensas para ti. Quizás sea Sylvester Stallone el que se encuentra a los remos. Cuando pasa a tu lado, te quedas mirando para ver quién va en la barca.

Sin embargo, no es Stallone. Es alguien más joven que tú y no parece más fuerte.

Lo peor es que te adelanta y apenas parece que vaya remando, va con el móvil mandando un Twitter mientras se toma un vermú.

Este muchacho es millonario, no es más listo que tú, ni más fuerte, no rema más que tú, no tiene mejor técnica y su barca tan siquiera es más grande.

Es evidente que llegará a la isla antes que tú sin apenas despeinarse.

¿Cómo es posible? Posiblemente esté haciendo trampa.

El primer cambio que decides realizar es remar aún más.

Primer cambio. Remar más.

“Mis padres me dijeron que podría llegar a la isla que yo quisiera. Sé que puedo lograrlo. ¿Y por qué no habría de lograrlo? Yo merezco el éxito y la riqueza. Ese muchacho no es mejor que yo”.

Ahora sí será cuando pongas toda la carne en el asador. En vez de remar diez horas, remarás doce. Con más fuerza y concentración. Tu barca comienza a ir más rápido, pero ahora tiene también más peso, ahora tienes dos hijos.

¿Ahora que más se puede hacer? Decides remar catorce horas en lugar de doce. Ahora remas con todo lo que tienes, lo haces por amor, por convicción y porque puede hacerlo.

Ahora viene lo peor, tus amigos de la infancia llegan con sus respectivas barca y se pasan volando, mientras tú ya derrotado haces lo que puedes para seguir remando y que tu barca no se hunda con tus hijos.

Todos los días, otras barcas te alcanzan y te dejan atrás. Ya nada importa, lo que sabes es remar y sigues haciéndolo. Por el camino te das cuenta de que existen personas en el océano que ni barca tienen y van con salvavidas. Ya hay alguien peor que tú.

Un buen día ves de reojo acercarse otra barca, otra más. Esta vez la barca se detiene a tu lado y te pregunta porqué vas tan lento. Le respondes que quizás la barca, que es la que tocó. El marinero te dice que te fijes en su barca, tú dices que tampoco es mucho mejor que la tuya.

  • Mira arriba. dice el marinero.

Efectivamente, miras arriba y ves cómo despliega una vela y se marcha a gran velocidad.

Ahora tienes claro lo que tienes que hacer.

Segundo cambio, construir la vela

Ahora por primera vez sientes fuerte el viento soplando. Ahora notas como el aire te impulsa. Por primera vez durante décadas dejas de remar.

Con una madera y tu camisa intentas toda la mañana construir una vela, que se te rompe en varias ocasiones. Pero lo sigues intentando.

Ese día incluso las barcas a remos te dejan atrás. Hasta tres días tratas de instalar la vela en tu barca. Te quedaste sin madera y hasta sin ropa, aunque ya no importa. Sientes que por primera vez tu barca se está moviendo mientras tú no estás remando.

Ahora que tienes tiempo empiezas a pensar cómo hacer una vela más grande. Ahora tu barca avanza mucho más rápido.

Lo que ayer parecía imposible, hoy sí. Has alcanzado la isla e incluso consigues una camisa nueva.

Más allá de la isla

En esta isla al subir la montaña divisas en el océano muchas más isla. En esa isla conoces a más marineros y todos admiten que las velas son fundamentales para llegar a donde ellos quieran.

Ahora tu barca es tan rápida que incluso tienes tiempo para tus hijos y al ser más grande también das trabajo a otras personas. Probablemente en ocasiones tengas que agarrar el timón y si es necesario remar alguna vez. Pero ya sabes que tu barca se sigue moviendo día y noche y no depende de tus barcos, depende del viento.

Tú no remas, el viento lo hace, ahora conoces otra regla: la de los ricos.

Para hacerse rico, el marinero tuvo que abandonar lo que le habían enseñado: ¡trabaja, trabaja, trabaja! Y usar su creatividad para construir una barca con velas lo bastante fuertes para poder dar la vuelta al mundo.

Para la clase media, la que tiene barcos a remos, la barca se detiene y empieza a flotar a la deriva si el dueño descansa, si duerme, si se va de vacaciones o si enferma.

Por lo que es importante tener una barca a vela, puede ser discreta o enorme, pero no depende del dueño para seguir avanzando, aunque no la puede abandonar y tiene que seguir cogiendo el timón.

La barca a vela siempre será mejor.