La vida en el agua: el primer medio en el que apareció vida

La vida en el agua: el primer medio en el que apareció vida

La vida en el agua: el primer medio en el que apareció vida

Océanos, mares, ríos y lagos integran el medio acuático, primero en el que apareció la vida y que, aún hoy, alberga el mayor número y variedad de seres vivos.

El conjunto de todas las aguas existentes en la tierra se denomina hidrosfera. En esta se incluyen, por un lado, los océanos, mares, lagos, ríos y capas de hielo, cuyo conjunto proporciona una amplia serie de hábitats para una gran variedad de animales y, por otro, el vapor de agua existente en la atmósfera, que brinda el agua necesaria a animales y plantas terrestres.

Los océanos forman una masa de agua continua que no es fácil dividir en zonas bióticas como las masas de tierra firme. Sin embargo, pueden dividirse en varias regiones naturales, la vida en el agua ofrece propias de vida vegetal y animal. Algunos organismos tienen unos límites ambientales restringidos; otros, más adaptables, se mueven libremente y pasa de una región a otra.

La fauna y las flora que habitan en determinado lugar del océano dependen de una serie de factores, entre ellos la profundidad y temperatura del agua y el contenido en nutrientes minerales.

El fondo del mar es tan irregular como la superficie terrestre. Los grandes océanos ocultan montañas volcánicas, colinas pendientes y cañones escarpados, formaciones que influyen en los tipos de vida animal que se encuentran en el lecho del océano. Algunos grupos de animales sólo habitan aguas de determinadas temperaturas. Por ejemplo, los corales constructores de arrecifes no pueden existir fuera de los trópicos. Mientras que muchas especies de peces que sirven de alimento al hombre sólo se encuentran en aguas frías.

La vida en el agua: el primer medio en el que apareció vida

Aunque las agua tropicales presentan la mayor variedad de animales, son las aguas polares las que contienen más biomasa animal por hectárea. Existen muchas excepciones a esta regla general, sobre todo en aguas tropicales donde aflore una corriente fría procedente del fondo del océano.

La vida vegetal y animal de una región natural estable puede verse desastrosamente afectada por una corriente errática. Por ejemplo, las aguas frías de la corriente de Humboldt, que bañan las costas del Ecuador y Perú, a veces son invadidas por una corriente cálida llamada El Niño. Los peces de agua fría y otros animales acuáticos no pueden tolerar el calor de esta corriente y mueren en gran cantidad. Al igual de las aves marinas que se alimentan de ellos.

Algunas regiones de los océanos presentan barreras térmicas muy definidas que separan formas de vida animal y vegetal diferentes. Una de las barreras mejor conocidas es la convergencia antártica. Situada a unos 50º S de la latitud, donde las aguas antárticas superficiales más frías se hunden bajo las aguas antárticas, más calientes y saladas. Al norte de la convergencia la temperatura 2-5ºC y el cielo despejado se cubre de una espesa capa de nubes.

La vida en el agua a orillas del mar está gobernada por las mareas. Las zonas comprendidas entre las líneas de marea alta y marea baja, alternativamente cubiertas por agua y expuestas al aire, han desarrollado comunidades vegetales y animales características.

Las aguas continentales pueden ser corrientes y estancadas. Las aguas estancadas incluyen desde pequeños charcos con una vida animal y vegetal relativamente simples, hasta grandes masas acuáticas como el lago Tanganica, de 33.000 kilómetros cuadrados. Sus aguas contienen formas de vida que no se encuentran en ninguna otra parte.

Los ríos, al discurrir por casi todas las latitudes, zonas climáticas y altitudes, desde las montañas heladas a las cálidas planicies de las tierras bajas. Proporcionando una mayor variedad de hábitats que los océanos. La vida vegetal y animal que soportan es muy compleja. El hielo y las aguas subterráneas constituyen el 6 por ciento del agua total del globo, pero son menos importantes como hábitats animales y vegetales.

La mayoría de los animales acuáticos no son impermeables. El agua puede entrar o salir de sus cuerpos a través de la piel o por algunas partes determinadas. Como las branquias, de manera que sufrirían pérdidas o ganancias de agua de no tener sus humores orgánicos una concentración de sales más o menos equivalente a la del agua que les rodea. Los humores orgánicos de los animales que evolucionaron en el océano tienen ya una concentración correcta. Sin embargo, los peces que viven en el mar necesitan adaptaciones para evitar la pérdida de agua. Debido a que sus humores tienen una baja concentración salina, semejante a la de las aguas dulces.

Los peces de esqueleto cartilaginoso, como tiburones y rayas, evitan tales pérdidas de agua reteniendo en la sangre la urea necesaria para que la concentración de sus humores corporales sea equivalente a la del agua del mar. Pero lo de esqueleto óseo, como caballas y arenques, carecen de ese recurso y han de beber grandes cantidades de agua salada para mantener sus humores a una concentración aproximadamente igual a la del mar.

Muchos peces óseos poseen una vejiga natatoria que les permite flotar mejor. Esta vejiga es como un saco interior que segrega gas hasta conseguir que la densidad del pez sea aproximadamente igual a la del agua que la rodea.

Gracias a esto, el pez no necesita gastar energía para mantenerse a flote.

La vida en el agua de los océanos y aguas dulces constituyen unos medios tan diferentes que la mayor parte de los animales acuáticos no pasan de uno a otro.

Algunos peces, sin embargo, viven en ambos.

Las anguilas nacen en el mar y emigran a través del océano para penetrar por ríos y arroyos, donde completan su crecimiento. Y el salmón del Atlántico como en el mar y cría en la parte más alta de los ríos. Igualmente algunos anfibios, reptiles y mamíferos se trasladan sin vacilar de la tierra al agua.

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